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Apartado de Correos nº 278. 18080 Granada  
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Pablo Dümmatzen y su postal transparente de la Alhambra

 

Por Carlos Pascual, de la Sociedad Filatélica y Numismática Granadina

 

 Granada tuvo la suerte de ser una de las ciudades que Pablo Dümmatzen, un alemán nacido hacia 1878 y que vino a España para hacer negocios, seleccionara a la hora de editar en 1900 su prestigiosa serie de postales transparentes. En ese año se tiene constancia de que también se dedicada en Málaga a la fabricación o distribución de boquerones fritos en lata, seguramente para la exportación a su país natal. Le debió ir muy bien esta actividad, porque una vez introducido en el negocio, ya no lo abandonaría hasta su fallecimiento en 1971, aunque desde 1903 se encontraba establecido en Barcelona.
          Su legendaria serie de postales transparentes de ciudades españolas se componía de once modelos con vistas de Córdoba, Jerez de la Frontera, Cádiz, Málaga, Sevilla, Tánger, Madrid (estas tres últimas poblaciones con dos postales distintas cada una) y la citada de Granada. Como ocurrió con otros editores nacionales y europeos, las postales con imágenes de Tánger estaban incluidas dentro de sus series españolas.
          No es casual la elección de las poblaciones españolas pues, curiosamente, por aquel tiempo eran las más habitadas de la mitad meridional del país. Es muy posible que Pablo Dümmatzen tuviera en mente la publicación de una segunda y última parte de esta serie de postales, con vistas de las más importantes poblaciones de la otra mitad de España, como Valencia, Barcelona, Zaragoza, San Sebastián… Lo que ocurre es que en la continuación de su labor se dedicó principalmente a las postales de bellezas, románticas, de fantasía, de felicitación...
              La singularidad de estas postales cromolitográficas antiguas de Dümmatzen es la de convertirse en dioramas cuando les colocamos un foco detrás y las vemos al trasluz; de ahí la leyenda que tiene cada una de ellas: “Mírese al transparente”. De esta forma, principalmente la luna, las farolas y las ventanas de las casas, al estar iluminadas, dan lugar a un efecto nocturno de la imagen. Un texto nos informa de quién fue editor y su procedencia: “Pablo Dümmatzen. Málaga-Hamburgo”.

   
   

La postal granadina, titulada “Vista General de la Alhambra y Sierra Nevada”, aunque actualmente pareciera un encuadre más que típico, por entonces tenía gran parte de novedad, pues hasta entonces apenas se habían publicado alguna postal con la imagen de nuestro universal monumento tomada desde el Albaicín. Eso sí, se vendían otras con imágenes de sus palacios, torres o patios, casi siempre por impresión en fototipia.
          Lo malo de esta postal transparente es que al apenas tener ventanas la Alhambra y no haber farolas, más la lejanía de los detalles luminosos de la imagen, el efecto diorámico sería mucho menor que en las otras postales españolas de esta serie. Por eso, el creador encargado de llevar a la práctica esta postal pensó que sería mejor, más que un efecto nocturno, recrear el del atardecer. Es por ello por lo que ni siquiera se aprecia la luna al verla al trasluz. A pesar de ser menos efectista el resultado que los del resto de la colección, no deja de ser una de las postales más bonitas y codiciadas por los cartófilos granadinos.

 

Estas postales se imprimieron en Berlín por E.A. Schwerdtfeger & Co., denominándose su sistema patentado de elaboración “meteor”, como bien se lee en la cartulina. Para saber en qué consiste, es suficiente (¿Quién sería capaz de hacerlo, sabiendo que rara vez puede uno comprar la postal por menos de 20 euros?) con introducir la cartulina en el agua el tiempo necesario para que vaya decapándose. Una vez conseguida la separación de esas dos partes que antes estaban pegadas, se ve que la cara opuesta a la ilustración de la postal ha sido hábilmente impresa casi toda ella con tinta roja y negra según necesidad, salvo pequeños cuadraditos que se correspondían con las ventanas de la Alhambra y que habían sido rellenados de tinta amarilla. De esta manera se quedan más oscuras las partes sin iluminar, rojizas aquellas zonas en las que daba la luz del sol atardeciendo y, sin embargo, en las ventanas hay una iluminación amarillenta.    

 

 

 

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