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Apartado de Correos nº 278. 18080 Granada  
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MONEDA, LENGUA Y CULTURA (I)

Por D. Antonio Martínez González, de la Sociedad Filatélica y Numismática Granadina.

Y

a en el siglo VI antes de Cristo empezaron a preguntarse los griegos la causa de las cosas que los rodeaban, el porqué de la existencia, dónde se ubicaba la lógica y el lenguaje, el pensamiento… La respuesta a estas preguntas los hizo sabios y todos hoy día debemos a la curiosidad de aquellos griegos una gran parte de nuestro conocimiento y de nuestra forma de pensar.

La curiosidad, acercarse a las cosas para observarlas y conocerlas, sigue siendo hoy una manera de adquirir cultura y de avanzar en nuestro deseo de comprender y entender mejor el mundo que nos rodea.

La filatelia y la curiosidad por saber algo más de los sellos usados que me daban los consignatarios del puerto de Almería me hizo conocer en mis años de niñez ciudades y países lejanos y aprendí a situarlos en el mapa mucho antes de que en el bachillerato me enseñaran la geografía política del mundo.

Si los sellos, y la filatelia, son un vehículo cultural importantísimo, igual cabe decir de la moneda. Las monedas, las de hoy y las de antes, nos transmiten mucha información, nos permiten conocer el país, su economía y su historia, saber quién fue el gobernante que ordenó su acuñación, el personaje que aparece en ellas, los motivos que las adornan, etc., es una forma de aumentar nuestra cultura, ensanchar nuestros conocimientos y viajar por el mundo con la simple observación de un disco de metal acuñado para que sirva de medida de cambio.

La edición electrónica del Diccionario de la lengua española de la Real Academia (http://www.rae.es/rae.html) nos da una interesante definición de moneda: «Pieza de oro, plata, cobre u otro metal, regularmente en forma de disco y acuñada con los distintivos elegidos por la autoridad emisora para acreditar su legitimidad y valor, y, por ext., billete o papel de curso legal» y da como etimología el latín moneta. Digo que es una interesante definición porque, según se desprende de ella, la moneda debe ser legítima, indicar valor y tener curso legal, con lo que no pueden incluirse, inicialmente, dentro del significado de moneda acuñaciones que no tengan esas características, es decir, no sean de curso legal o presenten un valor ficticio o inexistente en el momento de la emisión, como puede ocurrir con acuñaciones recientes que no tienen uso legal hoy en España (reales, escudos, cincuentines, etc.).

Pero una cosa es la moneda y otra, la numismática, que el diccionario académico define como «ciencia de las monedas y medallas, principalmente de las antiguas». Aquí sí tienen cabida esas acuñaciones conmemorativas con valores antiguos llenas, indudablemente, de información y cultura, pero que no tienen curso legal, no son haber monedado, dinero, y no sirven para pagar la cesta de la compra.

¿Y cómo surgió la moneda? Las ciudades aparecieron cuando el hombre primitivo se hizo agricultor y ganadero, y se convirtió en sedentario; en esas ciudades comenzó un comercio rudimentario con el intercambio de los excedentes de su producción agrícola y ganadera.

La economía del intercambio no es un procedimiento comercial único de aquellas sociedades primitivas. Hasta mediados del siglo pasado la economía del intercambio era una de las formas de subsistencia de muchas zonas rurales de España. En Andalucía, por ejemplo, el trapero cambiaba ropa vieja, metales y objetos usados por platos y otras baratijas, y el malají o malaguí (del árabe mallah ‘pescador’) cambiaba el pescado que compraba en la costa por los entonces caros y valiosos huevos de gallina de los pueblos del interior o por cualquier otro producto que luego vendía en la costa o en la ciudad.

Pero surge un problema, ¿cómo dar valor a un producto? Algunos pueblos polinesios utilizaron como patrón conchas marinas y varios pueblos andinos, almendras de cacao; en Roma se utilizó el ganado (pecus) como patrón de intercambio; el valor de las cosas se fijaba en relación con el valor que se le daba a una res, un cordero… De la palabra latina pecus ‘ganado’ se formó pecunia ‘moneda’, de donde el españolpecunia ‘moneda, dinero’ y pecuniario ‘relativo al dinero efectivo’.

Cuando aparecieron los metales y se extendió su uso, estos fueron la base del intercambio. El precio de los productos se medía por la cantidad de oro, plata, cobre o bronce que valían. Hacia el 450 a. C., se empleaban en Roma lingotes de cobre en bruto (aes rude), de hasta 600 grs. de peso. Hacia el 300 a. C. los lingotes llevaban figuras de animales y objetos (aes signatum) y pesaban unos 1.620 grs. (= 60 onzas romanas de 27 grs.).

Aes Sigantum

¿Cómo garantizar la pureza del metal? Aunque hay quienes adelantan la fecha un siglo, parece que fue Creso (s. VI a. C.), el último rey de Lidia (reino situado en la parte occidental de la península de Anatolia famoso por su comercio y sus minas de oro), quien tuvo la idea de fabricar un sello metálico (cuño) y sellar (acuñar) con él discos de metal para garantizar peso y pureza. Desde allí, el uso de la moneda se extendió por Oriente Medio, Grecia y Roma, y, después, por los demás países. En español el nombre del rey, creso, pasó a significar ‘hombre que posee grandes riquezas’.

Pero parece que las minas de Creso no eran de oro puro, eran de oro mezclado con plata u otro metal, o sea, de electro, metal de color ambarino fácilmente confundible, en algunos casos, con el oro. De manera que ya en la joyería de la época se podían dar fraudes y vender electro por oro o mezclar oro y electro y decir que era oro puro. Y eso debió pensar el rey Hierón II de Siracusa, que ordenó a Arquímedes en el s. III a. C., bajo pena de muerte, que averiguara si una corona de oro que había encargado estaba hecha de oro realmente. Arquímedes, abrumado por la situación, iba siempre con la corona en la mano pensando en el problema. Un día se bañó, con la corona en la mano, y comprobó que el peso de la corona era menor en el agua. Había descubierto el principio de Arquímedes. Alegre por haber encontrado la solución, salió a la calle desnudo y gritando ¡eureka!, ¡eureka! (‘lo encontré, lo encontré’)1

¿Cuándo empezó a llamarse en Roma moneta la moneda? Es una curiosa e interesante historia. En la colina romana llamada Capitolio había tres templos dedicados a Júpiter, a su esposa Juno y a Minerva, los dioses protectores de Roma. Cuando en el año 390 a. C. Roma fue atacada por los galos, los romanos se refugiaron en el Capitolio y resistieron sus ataques tras las murallas que rodeaban los tres templos. Una noche, los galos intentaron escalar sigilosamente las murallas del Capitolio pero los gansos del templo de Juno comenzaron a graznar y alertaron a los romanos, que pudieron repeler el ataque. Los romanos dieron a Juno el sobrenombre de Moneta ‘la que avisa’ (supino del verbo monere ‘avisar’, del que procede el español amonestar), y cuando en el año 269 a. C. se estableció la ceca de Roma en el templo de Juno Moneta (Juno la que avisa), los romanos llamaron moneta (sobrenombre del templo de Juno) a las piezas acuñadas en él, de aquí el español moneda (y el inglés money, y el alemán Münzen, etc.).

Hacia el año 211 a. C. empezaron a acuñarse en Roma denarios, monedas de plata semejantes al dracma griego de la época, que gozaba de fama y garantía en todo el mundo entonces conocido. El denario pesaba 4,5 grs. y equivalía a 10 ases, de ahí la marca X que tenía. A mediados del siglo II a. C., se revaluó y pasó a valer 16 ases, y se marcaba con un trazo horizontal sobre la X. Del latín denarius procede el español dinero, que, además del significado actual, fue nombre de una moneda de plata y cobre usada en la Edad Media. También procede de denarius la palabra dinar, nombre de la unidad monetaria usada en varios países árabes y en la antigua Yugoslavia.

Las monedas de oro romanas aparecen regularmente con Augusto (27 a. C.–14 d. C.), se llamaron aureus ‘oro’ y valían 25 denarios. Tres siglos después, los problemas económicos llevaron a Constantino el Grande a acuñar a partir del año 309 una moneda de oro de menor peso a la que dio el nombre de solidus (aureus), que equivalía a dos mil denarios (¡qué brutal depreciación!). Estas monedas se acuñaban generalmente con el oro cogido en las conquistas y servían para pagar a los soldados. Del latín solidus ‘moneda de oro para pagar al soldado’ vienen las palabras españolas sueldo y soldada ‘dinero que recibe uno por su trabajo’, y soldado ‘persona que está en el ejército, militar (que cobraba un sólido)’; en latín, soldado es miles, de donde vienen milicia y militar.

Las monedas servían, además, para divulgar victorias militares, actos de buen gobierno, obras públicas, el apoyo de los dioses, etc.

Denario de Trajano del año 103:

Denario de Trajano
IMP. CAES. NERVAE TRAIANO AVG. GER. DAC. P. M. TR. P. COS. V P. P.
Emperador César Nerva Trajano Augusto Germánico, Dácico [conquistador y pacificador de Germania y Dacia], Pontífice Máximo, [tiene el] Poder del Tribuno, [está en su] 5º Consulado [y es] Padre de la Patria.
Busto de Trajano con corona de laurel.
S. PQ. R. OPTIMO PRINCIPI. S. C.
El Senado y el Pueblo de Roma [lo proclama] Optimo Príncipe [el mejor gobernante]. [Esta moneda se acuña] consultado el Senado [con el permiso del Senado].
El emperador con uniforme militar y lanza sostiene en su mano una Victoria que le tiende una corona; a sus pies un soldado extranjero (representación de Germania y Dacia) arrodillado muestra sumisión.

En el año 313, en Milán, ciudad a la que se trasladó la capital del Imperio por la insalubridad de Roma debido a que las zonas pantanosas que había cerca del Tíber eran focos de paludismo, Constantino I, emperador de Occidente, y Licinio, de Oriente, establecieron la libertad religiosa en los dos imperios. Constantino adoraba al Sol Invicto, pero Elena, su madre, era cristiana y fue a Jerusalén en peregrinación; allí, según la tradición, encontró la cruz de Cristo hacia el año 330. Poco a poco el cristianismo se extendió y estableció una alianza con el Imperio: el papa coronaba al emperador y este protegía a la Iglesia. Las monedas se llenaron entonces de símbolos cristianos. De 315 es una moneda de Constantino con el anagrama de Cristo, posiblemente la primera con símbolos cristianos.

Moneda de Magnencio (353) con el crismón (anagrama de Cristo en griego):

Magnencio 353

La costumbre se extendió y la mayoría de las monedas presentaban en el anverso la imagen del gobernante y en el reverso la cruz, símbolo del cristianismo.

Tremssis Visigodo
Medio Croatt
Tremissis visigodo de Recesvinto acuñado en Mérida hacia 653.
Medio croat de Fernando II acuñado en Barcelona (último cuarto del siglo XV)

De ahí viene la denominación de cara y cruz que damos al anverso y al reverso de las monedas.

La costumbre de sentirse amparado por Dios o con el apoyo divino ha tenido continuidad en las acuñaciones posteriores y la ayuda de Dios se anunciaba para, por ejemplo, despedazar a los enemigos, práctica no muy cristiana, en verdad.

Doble ducado de Fernando I de Aragón:

Doble ducado DNS : M : AIVT : ET : EGO : D : IM ✠
Dominus : me : adiutum : et : ego : dilacerabo : inimicos meos ✠
El Señor me ayuda y yo despedazaré a mis enemigos

 

Los gobernantes basaban su poder y su mandato en Dios. El gobernante lo era porque Dios quería, por la gracia de Dios, con lo que se pretendía dar carácter divino a su gobierno y basar en la voluntad divina el poder temporal que pudiera ejercer. Como gobernante bendecido por Dios solo ante él debía dar cuenta de sus actos.

8 Reales Carlos III
Anverso: Carlos III por la gracia de Dios rey de España y de las Indias. 1768.
Reverso: En uno y otro [mundo = España y América] feliz bajo el auspicio de Dios. Lima. JM

 

Carlos VII
Carlos VII por la gracia de Dios rey de las Españas

 

100 pesetas de 1966
Francisco Franco caudillo de España por la gracia de Dios. 1966

 

8 Escudos Felipe V
Anverso: Felipe V por la gracia de Dios rey de España y de las Indias.
Reverso: El temor de Dios es el inicio de la sabiduría. México. M.F. 8 [escudos].

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1. Arquímedes descubrió que cualquier cuerpo sumergido en un líquido experimenta un empuje hacia arriba igual al volumen de agua que desaloja, luego bastaba con poner en un plato de la balanza la corona y en el otro oro puro hasta igualar. Si la corona era de oro puro la igualdad se mantendría fuera y dentro del agua, pero si había alguna aleación, el peso sería diferente dentro del agua dado que el metal añadido no tendría el mismo volumen que el oro.