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Apartado de Correos nº 278. 18080 Granada  
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SOBRE EL ORIGEN Y LA FUNCIÓN REAL DE ALGUNAS DE LAS MARCAS CONSIDERADAS HASTA HOY COMO “DE LLEGADA”

 

Por Francisco Gilabert (Académico de Número de la RAHF, de la SFNG) y Horacio Pedraza. (De la SFNG y del GFNA)

 

En las investigaciones filatélicas, al igual que sucede en otros campos del saber humano, con mayor frecuencia de lo que fuera deseable aún seguimos funcionando de acuerdo a indeseables inercias. Dicho de otra manera: continuamos anclados mentalmente en presupuestos propios de la Edad Media y aceptamos, de modo acrítico, el principium auctoritatis. Alguien tenido por “autoridad en la materia” (una reputación acaso legítimamente ganada), llegó en su momento a ciertas conclusiones, tal vez erróneas o cuando menos dudosas por carentes de una base documental que las avalara. Luego, las dio a la imprenta y, con el paso del tiempo, éstas se convirtieron en verdad de fe, en acierto indiscutible y, por ende, indiscutido a lo largo de los años. Pero claro, para la ciencia histórica las intuiciones nunca pueden sustituir a la fuerza incontrovertible de los hechos y, sobre todo, de los datos. Por ello, es bueno y saludable utilizar el método cartesiano (el de la duda metódica) y someter a revisión aquello que pensamos que no se ajusta a las evidencias que otros manejamos. Sólo de este modo se pueden aceptar los viejos dogmas o, en caso contrario, hacer avanzar el conocimiento en el campo objeto de nuestras indagaciones. Tal es, y no otro, el propósito que nos anima a revisar uno de esos “inamovibles” conceptos.

 

Somos conscientes de iniciar, con este trabajo, una nueva controversia. A diferencia de otros criterios, comúnmente aceptados, discriminamos lo que son “marcas de llegada” de aquellas otras marcas (y luego fechadores, canceladores de sellos o no) “de origen” que, o por circunstancias del servicio o por disposiciones legales, eran estampilladas al dorso de los sobrescritos o de las cartas. Todavía hoy, en España está reglamentado —aunque no siempre se lleve a efecto— el que, en ciertas modalidades de correspondencia, algunas cartas han de ser respaldadas con una marca postal para indicar la fecha en que han entrado en la estafeta. Por ejemplo, los certificados, los reembolsos o las cartas urgentes. Y aunque en las publicaciones al uso (sobre todo en los catálogos de las subastas) se las describa con la palabra “llegada”, no por ello dejan de ser lo que en realidad son. El cuño que para tal menester se utiliza suele ser, en la mayoría de los casos, el mismo que luego es empleado para cancelar los efectos postales —sellos sobre todo— de las cartas nacidas en esa estafeta. Nosotros reservamos la denominación “marcas de llegada”, que las hubo, para aquellas que sólo se emplearon para dar fe del arribo o procedencia de la correspondencia o, como mucho, también para indicar que el sobrescrito o la carta estaban en tránsito hacia su destino, o por la necesidad del cargo o cobro de su porte.

 

No es lo mismo, pues, una marca usada (casi) en exclusiva para este cometido que aquella otra cuya función básica era la de indicar la oficina de origen de la correspondencia y que se colocaba al dorso de los sobrescritos o cartas cuando eran entregados al cartero para reparto o se depositaban en el apartado del que los destinatarios los retiraban. Dicho de otro modo: entendemos que hay una gran diferencia entre una auténtica “marca de llegada” y una “marca de origen” estampillada en el reverso de la correspondencia tras su llegada a la oficina de correos o estafeta para su tratamiento final dentro de ella. Ésta última no es sino una marca de origen estampada sobre el pliego o carta, unas veces en el anverso (las menos) y otras en el reverso.

 

Comenzamos, por tanto, este trabajo afirmando que, para nosotros, bastantes de las marcas conocidas hasta hoy como “de llegada” (excepción hecha de las de fecha y de las que señalaban el país o ciudad de procedencia: Enero, “Sept.bre”, Francia, París, Portugal, Inglaterra, Italia, “Olanda”, Caracas, “Yndias”, Nueva España, Filipinas, “Buenos Ayres”, Estados Unidos, Guatemala…), utilizadas éstas últimas con el fin de facilitar el porteo a las Administraciones de destino, no son otra cosa que marcas de origen estampadas al dorso de los sobrescritos.

 

Con ellas, se indicaba que las cartas habían sido entregadas al cartero para su reparto, extendiéndose pronto su uso a las cartas que las Administraciones postales confiaban también a los conductores particulares, antecedente de los carteros peatones, cuyo cometido se encuentra recogido en las Ordenanzas de Campomanes de 1762. La Ordenanza 4ª, en el apartado Administradores, señala: Como muchas Comunidades, Ciudades, Villas ó Pueblos, situados en las travesías, fuera de las carreras generales, suelen dar alguna ayuda de costa a Conductores particulares, que lleven y traigan  sus Cartas desde la Estafeta inmediata, no habiendo inconveniente, se podrá tolerar esta práctica…

 

Hasta que quedó establecido el correo diario en todos los Ayuntamientos, proceso que comenzó en 1857, la Administración postal no distribuía la correspondencia a las poblaciones de su distrito sino que éstas tenían que enviar por ella a unos conductores particulares, denominados luego valijeros, que solían ser los ordinarios, trajineros (traginers) o cosarios de la zona, según casos. La retribución de los tales “conductores” generalmente se componía de una ayuda de costas por parte del Ayuntamiento más un cuarto por carta entregada a los destinatarios.

 

Como curiosidad, en 1862, como se puede comprobar en los Datos Estadísticos de Correos del referido año, de las 49 provincias en que estaba dividida la “Península e Islas adyacentes” 24 de ellas ya disponían de dicho servicio, más las 8 andaluzas aunque en éstas solo se les daba a las poblaciones de más de 1.500 habitantes. Se utilizaban para el mismo 5.606 conducciones peatonales, de las que 2.606 estaban a cargo de peatones dependientes de Correos, en tanto que las 3.000 restantes eran servidas por conductores elegidos y pagados por los Ayuntamientos. Para ser más claros y precisos: las líneas no rentables se las endosaban a los municipios.

 

También podemos encontrar este tipo de marcas sellando cartas procedentes de Apartado. En las Ordenanzas de 19 de noviembre de 1743 (Ordenanza X) se dispone sobre los apartados para particulares y comerciantes. En la Instrucción que deben observar los Administradores de las Estafetas agregadas á las principales de Reino, dada por el conde de Floridablanca el 26 de julio de 1784, en su Capítulo 11º se regula el cobro de estos apartados de particulares. La Real Orden de 25 de marzo de 1846 fija los derechos de apartado a particulares, hace obligatorio este servicio a los empleados de Correos y determina el importe a cobrar en Madrid, en las capitales de provincia y en las Administraciones de los demás pueblos. La cantidad cobrada se dividía en dos partes al 50%: una se ingresaba en la Caja de Correos y la otra se repartía, también por partes iguales, desde el jefe de la Administración hasta el último oficial de número, en pago y compensación por el trabajo añadido que ocasionaba este servio extraordinario.

 

Durante el reinado de los Austria, el Correo siempre supuso un gasto para la Monarquía. Con la llegada de los Borbón, que ya conocían el resultado de actuaciones realizadas en Francia, la Posta no tuvo la consideración de Servicio sino que fue una Renta (la Renta del Correo) y había en la Real Hacienda una gran preocupación por que las cartas atrasadas no se convirtieran en sobrantes y no poder así recuperar los gastos que habían ocasionado su manipulación y su transporte, a los que habrían de sumarse luego los que generaba su quema, la cual se realizaba, en un principio, al año de no haber sido entregadas al destinatario.

 

Para paliar el problema de las cartas atrasadas, pronto aparece la figura del cartero quien, aunque en su inicio no era empleado de Correos, sí disfrutaba de sus privilegios siendo remunerado, primero con un tanto por ciento del importe de las cartas que entregaba, detraído de lo que el usuario pagaba a Correos y, posteriormente, con un cuarto por carta, que debía ser abonado por el destinatario.

 

Hemos encontrado citado por primera vez el oficio de cartero en la Instrucción que ha de observar D. Francisco Pérez de Arce, Director nombrado por S.M. de la Posta de España en la Corte de Roma. Dado en Sevilla a cinco de Hen.º de mill set.s treinta y uno. [1731] = El marq.s de la Paz.

Ya estaban instituidos en la Estafeta General de Castilla (Correo Central de Madrid), según Blas Alonso de Arce quien, en su Descripción general para escribir a todas las ciudades de España…, editada en 1736, detalla los días de la semana en que se recibe el correo en dicha Estafeta, su procedencia y caxas que lo componen. Dice: [reproducimos el recibido el lunes, que llegaba al amanecer, con  el de las “Andalucías” y parte de la Mancha] Danse las Cartas de las referidas Caxas y sus Agregados todo el dia Lunes, y el Martes, hasta las Oraciones, que se entregaran à los Carteros para que las repartan por las casas. A continuación, detalla el monto de los portes a cobrar, según el Decreto de 7 de diciembre de 1716.

 

El Dr. Thebussem, don Mariano Pardo de Figueroa y de la Serna, en sus Fruslerías postales (Madrid, 1895), apunta: Incidentalmente, consigna Arce la existencia de los carteros que, sin el Reglamento ni aprobación oficial que tuvieron veinte años después, y sólo por una especie de cuasi­contrato con el público, distribuían las cartas que, con señas ó para personas conocidas, llegaban á la Corte. El “Arce” al que se refiere es Blas Alonso, ya que publicó su obra en 1736 y, justamente veinte años después, en 1756, se crean las primeras Ordenanzas de los Carteros.

 

En las Ordenanzas de 1743 (Ordenanza 18ª ) se dice: … ordena su Mag. que el Oficial Mayor en presencia del Thesorero Administrador, haga contar todas las cartas que sobraren, y tomado individualmente razón de ellas en su libro, las hará pasár, y entregar al Cartero Mayor…

El 7 de octubre de 1756, comienzan a regir las Ordenanzas que deben guardar el Administrador, escribientes, carteros, y mozo del oficio de cartas sobrantes de Lista de Madrid llamado Cartero Mayor.

 

Las de Campomanes, de 23 de julio de 1762, no anulan las de 1743 sino que las completan y amplían. En el apartado De los Carteros, la Ordenanza 2º expresa: Los Carteros por medio de su diligencia, son útiles al pronto manejo de la Renta, y al Público, porque los que no tienen criado, que las vaya a buscar, ó no envian al Correo por su corta correspondencia, se hallan servidos, sin otros gastos que el de un quarto por cada Carta, que además del porte deben cobrar los Carteros de Madrid, y en otros Oficios... Asimismo, la Ordenanza 6º señala: En el Oficio de Correos General de Madrid se ha planificado la economía interior de los Carteros con unas Ordenanzas formales, las que deben observarse generalmente en los demas Oficios del Reyno… En la 4ª leemos: Las cartas sobradas de lista, se deben entregar por los Oficios á los Carteros con toda cuenta, y razón, marcándolas por la parte de la oblea con uno de los Sellos de ellos, y anotando en los Libros el cargo con distinción de sencillas, dobles, estranjeras, &.ª, de modo que se sepa de lo que cada uno debe responder…

 

Es posible que Campomanes, al indicar que se marcasen las cartas en el dorso con uno de los sellos de la Admi­nistración, se basara en lo que ya se hacía en el Correo Central, donde se utilizaban marcas de origen para sellar en el reverso las dirigidas a Italia. Las cartas con destino a aquel país iban porteadas, y su importe era detallado en factura aparte al objeto que los “Oficios” (Uffici) italianos respondieran del mismo. La marca catalogada con el nº 4 de las de Madrid (Fig. 1) fue creada específicamente para sellar el correo dirigido a Italia, siendo utilizadas también la marca de origen nº 5 (Fig.2) y alguna más.

 

Figura 1
Figura 1. Carta circulada de Lisboa a Luca (Italia) el 13 de octubre de 1756, marcada al dorso con la Nº 5 del Correo Central de Madrid cuando se anotó su importe.
Figura 2

Figura 2. Carta circulada de Madrid a Génova el 23 de diciembre de 1763, marcada al dorso con la Nº 4 del Correo de Italia de Madrid cuando se anotó su importe.

 

Aunque los carteros prestaban anteriormente sus servicios en varios Oficios o Caxas (luego Administraciones), no fue obligatorio su concurso hasta las Ordenanzas de Campomanes en las que, en el apartado De los Carteros, la Nº 2 indica: …en Madrid, y en otros Oficios donde se halla establecido, como está mandado…

 

Se constata, pues, gracias a esta disposición, la obligatoriedad del establecimiento del servicio de carteros en algunas Caxas, aunque para saber a las que la misma se refiere hemos de ir al apartado De los Administradores donde la Ordenanza 16ª señala: Para que los Administradores principales puedan tener en subordinación a todos los empleados dentro de su Provincia, en lo que mira a la economía, y Administración, es necesario que todos los Interventores, Oficiales, Maestros de Postas, Conductores, Carteros, y Mozos de Oficio, los respeten como Superiores suyos…

 

Como se puede inferir sin lugar a dudas, los carteros ya formaban parte del personal de las Caxas, gozaban de los fueros y preeminencias de Correos y sus servicios estaban establecidos, en un principio, en aquellas a cuyo frente figurase un Administrador principal. Para determinar cuáles fueran estas Caxas, hemos de recurrir nuevamente a Campomanes quien, en el apartado Administradores, Ordenanza 1ª , señala: Los Administradores son de dos clases, ó de Provincia, que llaman Principales, ó de algun Partido, que llaman Agregados, por estarlo á la Caxa principal. Estos por su empleo tienen autoridad económica, y directiva sobre todos los Agregados. Tal clasificación debió de reglamentarse tras pasar la mayoría de las Caxas de estar arrendadas a depender de la Real Hacienda y ello, sin duda, se efectuó con posterioridad al año 1760 ya que el mapa de Tomas López, que acompaña a los Itinerarios de Campomanes, no hace distinción entre ellas. Ya Bernardo Espinalt, en el mapa que acompaña a su Dirección general de cartas en forma de diccionario…,  publicado en 1775, las clasifica en “Principales” y “Subalternas”, término éste sinónimo de Agregadas.

 

La “Península e Islas adyacentes”, cuando Campomanes dictó sus Ordenanzas, estaba dividida, desde 1720, en 20 Intendencias o provincias, más la exenta del actual País Vasco. Con la división de Floridablanca, realizada en 1789, el número se amplió a 38. Andalucía, por citar un ejemplo, en 1762 estaba dividida, a los efectos administrativos, en cuatro provincias que se correspondían con los cuatro Reinos que la conformaban entonces. Sus capitales eran: Córdoba, Granada, Jaén y Sevilla y, por consiguiente, allí estaban establecidas sus Caxas principales, aunque muy corta nos parece la existencia de solo 18 “Principales” en la Península, pues creemos que habría bastantes excepciones. Siguiendo con los ejemplos, Murcia no era capital de provincia por encontrarse su Reino englobado en el de Valencia pero dudamos mucho de que, dada su importancia, más el hecho de ser Demarcación postal, no fuese también Caxa Principal.

 

A su vez, las provincias estaban divididas en Partidos (en algunas de ellas tenían otras denominaciones: Merindades, Veredas, Veguerías, aunque estas dos últimas, tras los Decretos de Nueva Planta pasaron a denominarse Corregimientos, etc.) y en las cabezas de ellos (aunque no en todos) fue donde se establecieron las Caxas agregadas.

 

Los territorios que comprendían los cuatro Reinos andaluces no coincidían entonces con los que quedaron fijados posteriormente tras la división territorial del motrileño Francisco Javier de Burgos en 30 de noviembre de 1833. En el caso que nos ocupa, por ejemplo, existían diferencias —alguna importante— que son las que detallamos:

 

    1. En el “Reino de Córdova”, que prácticamente coincidió luego con su provincia, el noroeste pertenecía al Partido de Trujillo, de la provincia de Extremadura.
    2. En el de Granada, que luego dio origen a las provincias de Almería, Granada y Málaga, el Partido de Antequera pertenecía al Reino de Sevilla. Y el este de lo que más tarde fue provincia de Cádiz, también pertenecía al de Granada y eran dependientes del Partido de Ronda varias de sus poblaciones (Benaocaz, Grazalema, Ubrique, Villaluenga del Rosario, Puebla de Santa María…)
    3. En el de Jaén, que conformó su provincia, el nordeste pertenecía al Partido de Murcia, del Reino de su mismo nombre.
    4. El Reino de Sevilla dio origen a las provincias de Cádiz, Huelva y Sevilla, con las variaciones territoriales ya indicadas.

 

Estas diferencias jurisdiccionales, salvando las del Reino de Jaén, no las recogen ni Tomás López en su mapa de 1760 ni Bernardo Espinalt en los suyos de 1775 y 1787. E incluso ambos incluyen la villa de Gaucín (hoy provincia de Málaga) como perteneciente al Reino de Sevilla cuando lo era del de Granada. Tomás López, en el mapa del Reino de Sevilla de 1767, corrige la mayoría de estos errores.

 

Como antes mencionamos, las Caxas Agregadas de Correos estaban establecidas en poblaciones cabeza de Partido, aunque no en todos. Hubo algunas interesantes excepciones como son las dos andaluzas relacionadas con la Carrera de Andalucía en localidades que, sin serlo, sí fueron Caxas por encontrarse situadas en la Carrera general. Nos referimos a La Conquista, villa de señorío del Partido de Córdoba que, con sus escasos 160 habitantes, fue Parada de Postas y Caxa. Por ella recibía y despachaba su correo el Partido de Los Pedroches, amén de efectuar allí el intercambio de correspondencia los conductores de Correos de Madrid y Cádiz. La otra, Fuentes, conocida a partir de 1791 como Fuentes de Andalucía, era villa de señorío del Partido de Écija, con unos 4.800 habitantes y fue, igualmente, Parada de Postas y Caxa creada para recibir y sacar por ella el correo del Partido de Marchena.

 

Del siglo XVIII, hay catalogadas muy pocas auténticas marcas “de llegada”. Más en el siglo XIX en el que las Administraciones, bien por tradición, rutina o por estar amparado el uso por alguna Real Orden, Decreto o Circular, continúan utilizando los sellos de origen para marcar las cartas entregadas a carteros, conductores particulares o apartados, y empiezan a confeccionar marcas especiales para este fin. Y todavía más a partir de 1842, año en que se crea el primer sello de fechas de uso general (el Baeza), que se destinó a marcar las cartas en origen y también al dorso en destino, y obligó con ello a las Administraciones a idear sellos con signos específicos para las cartas que se entregaban a Cartería y Apartados.

 

Una vez efectuada esta somera reseña sobre el origen de los carteros, conductores particulares, apartados, Administraciones Principales, Agregadas y  marcas catalogadas como “de llegada”, detallamos a continuación en qué basamos nuestra hipótesis:

 

1ª) No deja lugar a la menor de las dudas la Ordenanza 4ª de Campomanes, en la que se dispone que las cartas se marquen por el dorso (que era donde se colocaba la oblea de cierre, recuérdese) con uno de los sellos de la Administración. Se entiende que eran los mismos sellos que se utilizaban para marcar la correspondencia en origen. A mayor abundamiento, la Ordenanza 9ª indica: Qualesquiera Carteros que supusieren Cartas sobrantes, que no lo sean por no traer el sello, y tasa, que califican las verdaderas Cartas sobrantes…

 

2ª) Entre las marcas de origen, se encuentran catalogadas varias que se conocen utilizadas a la llegada o en tránsito. Ello demuestra que estas marcas se usaron para sellar los sobrescritos que se entregaban a carterías, apartados o con­ductores particulares como es el caso de la carta de Burgos a Roncal, vía Pamplona, que circuló en 1781, marcada al dorso en esta ciudad cuando fue entregada al conductor particular o valijero que conducía el Correo a Aoiz y Roncal, recogida por Luis María Marín Royo en su Discurso de Ingreso a la hoy RAHF, página 38 (Fig. 3)

 

Figura 3
Figura 3

3ª) Para la marca de la Agregada de sueldo fijo de Tarragona, catalogada con el nº 24 (Fig. 4) dentro del apartado Marcas Diversas, don Manuel Tizón escribe: En los pocos ejemplares conocidos, siempre encontramos esta marca estampada en el reverso de sobrescritos dirigidos a Tarragona. En nuestra opinión, posiblemente pueda tratarse de la abreviación de “Cobrada Cartero”. Por el contrario, nosotros sostenemos que esta abreviatura indica Cargada a Cartero. A los carteros, reiteramos, se le entregaban las cartas y se anotaba su importe. Y éstos, al día siguiente, tenían que reintegrar el total de las ya cobradas y devolver las que no habían podido repartir. Malamente se podía poner un sello de cobro a una carta que había sido ya entregada al destinatario. No dudamos de que esta marca la utilizase la Agregada de Tarragona para sellar las cartas que eran confiadas al cartero para su reparto.

Figura 4
Figura 4

4ª) De la Agregada de sueldo fijo de Santiago de Compostela, hay catalogada con el nº 31 (Fig. 5) una impronta en el apartado Marcas de Llegada, de la que el Sr. Tizón dice: Su significación es: Procedente de Carterías. Las cartas se sellaban al dorso cuando eran entregadas a los carteros, repetimos. Por consiguiente, sostenemos que esta marca era utilizada cuando se les daban las cartas para reparto y su significado real es: Pendiente de Carterías.

Figura 5
Figura 5

5ª) Estimamos igualmente que las siguientes marcas catalogadas como de llegada en realidad indicaban que las cartas habían sido entregadas a Cartería o a Apartados. Veamos cuáles: la catalogada con el Nº 27 (Fig. 6) de la Principal de la Coruña es un anagrama que creemos indica Cartería, lo mismo que la nº 39 de la Principal de Valencia (Fig.7). También pensamos que las marcas con sólo una “C” (inicial de Cartería) utilizadas por la Principal de Burgos —la nº 28— (Fig. 8), por la Principal de Murcia —la nº 19— (Fig. 9) y por la Agregada de sueldo fijo de Almería —la nº 15— (Fig. 10) fueron utilizadas para las cartas entregadas a Cartería o Apartado.

Figura 6Figura 7Figura 8Figura 9Figura 10
Figuras 6, 7, 8, 9 y 10

Debido a que, según indica la Ordenanza 2ª de las de Campomanes (De los Carteros), éstos distribuían las cartas entre los destinatarios que por su poca correspondencia no mandaban a buscarlas, hubiese sido muy difícil encontrar este tipo de marcas, especialmente las del siglo XVIII, de no ser por los archivos de quienes tenían apartado. E igualmente las de aquellos cuya correspondencia procedía de la enviada por Conductores particulares. De la correspondencia procedente de los particulares, que era para la que fueron destinados en un principio los carteros, sólo por puro azar hubiese llegado alguna carta a nuestro poder.

Antes de finalizar este pequeño estudio sobre las marcas hoy catalogadas como de llegada, nos fijaremos, a modo de ejemplo, en varias de las utilizadas en las dos demarcaciones postales en que estaba dividida Andalucía. Para poder aplicar la tarifa de 1716, Andalucía fue dividida en las dos siguientes demarcaciones postales: “Andalucía Alta”, o “la Alta”, conformada por las Provincias (o Reinos) de Granada y Sevilla, correspondiéndoles a las de Córdoba y Jaén la denominación de “Andalucía Baja” (también “Baxa”), o “la Baja”. El arreglo tarifal de 1779 recoge las mismas demarcaciones y denominaciones pero cambiando sus territorios. Por tanto, a la Andalucía Alta la constituían las Provincias de Córdoba y Jaén y a la Andalucía Baja las de Granada y Sevilla. Esta división continuó hasta el Real decreto de 15 de febrero de 1854, que entró en vigor el 1 de mayo siguiente, el cual adecuaba la división postal a la administrativa ya citada de Francisco Javier de Burgos de 1833.

De estas demarcaciones solo hay catalogadas cuatro marcas, de las que comentaremos tres ya que la cuarta (el anagrama de Granada) ha sido estudiada y publicada por F. Gilabert en la revista “R.F.” (Revista de Filatelia, Edifil, Nº 472, de junio de 2010) y en este mismo sitio web, y añadimos dos más, todavía sin catalogar. Las reseñas administrativas que aportamos corresponden a la época de las marcas que se comentan.

ALMERÍA: Capital de la provincia de su nombre y cabeza de Partido Judicial. Pertenecía a la Audiencia y a la Capitanía General de Granada, era sede episcopal y contaba con las dependencias y organismos correspondientes a Capital de provincia. A fines del siglo XVII tenía unos 33.000 habitantes. Postalmente, era Agregada de sueldo fijo dependiente de la Principal de Granada. La marca “de llegada” catalogada con el nº 15 (Fig. 11) fue usada para estampillar una carta que circula de Génova a Almería. Datada en 23 de mayo de 1852, se recibe el 6 de junio, fecha en que se entregó (debido a quien iba dirigida) a un Apartado. Es claramente, al menos para nosotros, una marca de origen creada exprofeso para las cartas que se entregaban a Cartero o Apartado.

Figura 11
Figura 11

ANTEQUERA: Ciudad realenga cabeza de Partido, con Corregidor, Alcalde Mayor, Ayuntamiento de Regidores y con una población de 24.000 habitantes, cifra muy elevada para la época (era la quinta ciudad del Reino de Sevilla en población, sobrepasándola sólo Sevilla, Cádiz. Écija y Jerez de la Frontera). Formaba parte, junto con su Partido, del Reino de Sevilla. Postalmente, era Caxa Agregada de sueldo fijo de la Principal de Sevilla. Es muy posible que pasase a depender de la Principal de Málaga hacia el año 1775. El mapa de Yta y Xareño de 1789-90 ya la recoge, junto con su Partido, como perteneciente a esta Caxa Principal.

De la misma, mostramos un frontal, con parte del dorso (Fig. 12), que corresponde, sin duda, a la marca nº 1 de origen —por cierto, aún sin catalogar— utilizada circa 1766-67 para sellar el reverso del sobrescrito entregado al cartero para su reparto, de conformidad con la Ordenanza 4ª de las de Campomanes. Podemos datarla sobre esta fecha ya que el reverso del sobrescrito fue utilizado con anterioridad para enviar carta a Sevilla procedente de Cádiz, donde se selló con la marca ANDALUZIA ALTA de esta ciudad, que se conoce utilizada en 1766-67. La marca de Sevilla —la nº 7— estampada en el frontal se cataloga como utilizada entre 1771-78 pero con un hiato (o laguna de conocimiento) respecto de la anterior, la nº 6, de siete años. Por consiguiente, creemos que la marca nº 7 ya se utilizaba en las fechas que señalamos. Posiblemente, el sello de Antequera estuvo inspirado en el anagrama ATQ que figura en el escudo de armas que el Trastamara Don Fernando “el de Antequera” (luego Fernando I de Aragón tras el Compromiso de Caspe de 1412) dio a la ciudad cuando se la arrebató al nazarí granadino Yusuf III en 1410.

Figura 12
Figura 12

MÁLAGA: ciudad realenga, con Gobernador Militar (que es Corregidor), Alcalde Mayor, Ayuntamiento de Regidores y aproximadamente 45.000 habitantes. Cabeza de su Partido, formaba parte del Reino de Granada. Postalmente, era Caxa Principal. No conocemos la disposición que determinó el ascenso de Málaga a esta categoría postal pero creemos que ello ocurrió cuando se cambió la Carrera de Andalucía por Manzanares-Nuevas Poblaciones-Bailén-Andújar-Córdoba. En 1775, el mapa de Bernardo Espinalt ya la recoge como Caxa Principal y lo ratifica el mapa de Yta y Xareño de 1789-90.

De la Principal de Málaga, presentamos una carta circulada de Marsella (Francia) a esta ciudad el 20 de septiembre de 1791 (Fig. 13), estampillada al dorso cuando fue confiada al cartero para su entrega al tripulante de la fragata francesa atracada en su puerto a quien iba dirigida, con una marca de origen anterior a 1756 destinada a este fin. Esta marca es muy similar a las catalogadas con los números 1 y 2 de dicha Caxa.

Figura 13
Figura 13
JAÉN: Ciudad realenga, capital de la provincia de su Reino y cabeza de Partido, con Corregidor, Alcalde Mayor, Ayuntamiento de Regidores y aproximadamente 23.000 habitantes. Postalmente era Caxa Principal.
La marca en negativo de Jaén, catalogada como de llegada con el nº 17 (Fig. 14) y usada circa 1760, no es sino el primer sello de origen de esta Caxa, estampado al reverso de los sobrescritos dirigidos a esta ciudad al ser anotados antes de su entrega al cartero para su reparto.
Figura 14
Figura 14
Finalmente, también incluimos otra carta circulada de Granada a Jaén en 1766 (Fig. 15), sellada al dorso con la marca de origen CAJA DE JAEN en negro (por cierto no reportada aún en este color) con el fin de significar que había sido entregada al cartero para su distribución. Pensamos, asimismo, que esta marca es anterior a la creación, en 1756, de las otras de origen que indicaban su demarcación postal.
Figura 15
Figura 15

En resumen y para terminar: las marcas o “sellos” (también llamadas así y de ahí el nombre de los adhesivos que aparecen en 1850 en España) de origen son, y mientras no se nos demuestre lo contrario, las usadas para marcar, generalmente al frente, los sobrescritos y dar así a conocer a las Caxas de destino su procedencia y facilitar con ello su porteo. Y, cuando son utilizadas a la llegada de la correspondencia, no pierden su condición de tales sino que continúan siendo las mismas “de origen”. Porque las auténticas marcas de llegada o de tránsito son algo bien diferente. Añadimos, además, que reconocemos la validez y la valía de la obra Prefilatelia Española del Sr. Tizón y que la consideramos como un referente obligado para quienes nos movemos en el ámbito de la prefilatelia de España y sus colonias.

 

Agradecimientos:

A D. Ramón María Cortés de Haro, a D. Ángel Laiz Castro y a D. Luis María Marín Royo por su amabilidad al cedernos varias de las imágenes que reproducimos, y a D. Teodosio Arredondo por su inestimable ayuda en el tratamiento de las imagenes.
 

Fuentes bibliográficas

  • Anales de las Ordenanzas de Correos de España. Tomos I y II. Madrid, 1879.
  • Cortés de Haro, Ramón María: Marcas y fechadores de Madrid hasta 1900. “Cuadernos de Filatelia”, nº 2. Fesofi. Madrid, 1989.
  • Marín Royo, Luis María: De la Historia Postal de Navarra. Estafetas, Tarifas y Porteos. Discurso de Ingreso. Discursos. IV. Academia Hispánica de Filatelia. La Coruña, 1992.
  • Marina Barba, Jesús: Justicia y Gobierno en España en el siglo XVIII. Granada, 1995.
  • Rodríguez Campomanes, Pedro: Itinerario Real de Postas de dentro y fuera del Reyno. Madrid, 1761. Ed. facsímil del Centro de Publicaciones del Ministerio de Transportes, Turismo y Comunicaciones (Madrid, 1988).
  • Tizón, Manuel: Prefilatelia Española. Edifil. Madrid, 2004, 3ª edición.
 

Notas

1 La numeración de marcas que citamos en este trabajo se corresponde con la catalogación de las mismas que figura en la obra Prefilatelia Española de D. Manuel Tizón. Edifil. Madrid, de la que se han tomado, igualmente y con autorización, las figuras 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10 y 14.

2 La negrita es de los autores.

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